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ANTONIO JOSÉ MIALDEA BAENA: PENSAMIENTOS AL MARGEN

Aquí encontraréis algunos pensamientos, en verso y en prosa, que he ido escribiendo con el paso del tiempo.

SOBRE CRÍTICA LITERARIA

estas breves reflexiones han sido publicadas en http://vicenteluismora.bitacoras.com

Estimado amigo Jonathan Mayhew, permítame una intervención que aclare algo más mi anterior comentario, en el que, desde mis humildes conocimientos, el concepto de “lector imposible” no tiene su contrapunto en el de “lector real” que usted propone. Creo que sería necesario desgajar o desglosar el comentario inicial de Vicente Luis Mora y, desde ahí, comprender –sin eliminar, claro, posturas- estas disquisiciones sobre la posibilidad y posterior necesidad de la metacrítica. Aparte de esto, pienso (y no estoy solo en este pensamiento) que la crítica literaria actual adolece en muchísimos casos de sustancialidad, de “meollo”, lo que sin duda relativizará, por suerte, cualquiera de mis afirmaciones. Paso, pues, a desgajar para aclararme yo mismo:

1. Todos coincidimos en que existen muchos tipos de lectores (ahora me ciño sólo a la obra de arte literaria). Entre ellos, existe un tipo al que denominamos familiarmente “crítico literario”, esto es, individuo al que un determinado medio de comunicación (oral o escrito) encarga para su publicación (por favor, que no se pierda, por su importancia, este aspecto del “encargo”) un juicio sobre una determinada obra literaria.
2. El “crítico literario” tendría que reunir en sí, al menos, estos distintos tipos de lector, a saber: ser un lector naturalmente real, ser un lector competente y un lector informado (entiendo que todos manejamos estos conceptos, pero si alguien necesita aclaraciones sobre esta tipología del lector, que no dude en solicitarla).
3. Pero hay dos circunstancias, entre otras, que siempre rodean la labor del crítico: una es la lucha entre la objetividad y la subjetividad en la emisión de sus juicios; y otra es, que ya apunté antes, la de la crítica por encargo. La primera resulta quizás menos problemática, si se quiere, que la segunda; y esto es porque ser imparcial resulta poco menos que imposible si se tiene en cuenta que escritor y crítico parten de su propio mundo de lecturas, de escrituras, es decir, cada uno lleva a cuestas su diferente equipaje cultural. Si el equipaje cultural fuese idéntico…
4. surgiría entonces la figura del lector implícito, que es la que se acerca más a mi concepto de “lector imposible” (que también defiende Vázquez Montalbán), un lector que se desdoblaría del propio escritor, casi un clon del propio escritor. Augusto Monterroso fue una vez interrogado sobre este aspecto:

¿Habría entonces un lector ideal que pueda leer lo que quiso escribir?
–Sí, pero es un lector imposible. El lector ideal sería el que hubiera leído todos los libros que yo he leído. Entonces nos entenderíamos maravillosa y perfectamente. “Ah, bueno, hombre, claro”, diría el lector ideal, “está sugiriendo aquel verso de Góngora, se está refiriendo a lo que dijo Séneca en la Carta a Lucilio”. Si uno dice “Perded toda esperanza” está claro que se está refiriendo a Dante. Pero hay otras referencias que son más recónditas, que están en lugares a donde no todos llegan. El lector ideal es el que hubiera leído todo lo que el autor leyó, pero también que hubiera experimentado todo lo que el autor experimentó.

Un lector no sólo capaz de interpretarse (que de estos ha habido bastantes en la historia literaria) sino capaz incluso de ejercer la crítica de sí mismo, sobre todo en lo que respecta a la negativa porque la positiva bien que la ejerce en cuanto que escribir siempre resulta un ejercicio de autoadulación. Si este ejercicio existiese, el de la autocrítica en sus dos sentidos, les aseguro que el pudor de algunos escritores les impediría publicar sus textos.

5. Como este ejercicio de “kenosis” apenas se realiza a la vista del desmesurado numero de publicaciones anuales (y me refiero exclusivamente al caso español) existe a lo sumo esta figura del crítico literario en el que los lectores menos competentes depositamos nuestra confianza para que nos informe y nos forme sobre el valor literario de determinadas lecturas.
6. Pero el crítico ostenta una libertad relativa, relativa al medio de comunicación para el que trabaja. Esta relatividad comienza justo cuando se le entregan unos libros y no otros para que pueda emitir su juicio y termina en la preparación académica que posee para emitir dichos juicios. Fíjese usted, que incluso, al referirse a la posibilidad de la crítica directa al autor que puede ejercer cualquier lector en la revista de libros, ésta sólo puede ser visionada por el autor y no por el resto de los lectores. Esto también se pude denominar libertad relativa.
7. Sería interesante establecer un puente directo entre el autor y sus lectores (incluidos los “críticos literarios”), un espacio, cibernético si quiere, donde se pudiese no sólo dialogar sino hacer crítica de la crítica. Creo que el fruto de ese encuentro colectivo podría ser lo que más se acercase a ese tipo de lector que he denominado “imposible”, es decir, que quizás ese lector no pueda darse en un solo individuo, sino en una colectividad que incluyese al escritor, a sus críticos y al resto de sus lectores. En definitiva, pudiera ser que cuando Goytisolo se refiere al “Defensor del lector literario” no esté pensando en un lector individual sino en un lector colectivo.

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