EL MANUSCRITO
Antonio José Mialdea Baena - 07-01-2006 11:50:23 | Categoria: TRAZOS LITERARIOS
Úbeda, cuando cae la tarde, tiene el color de la terracota. En esas horas la ciudad se vuelve rojiza, casi ocre y las personas, lentamente, se van retirando a sus hogares desde las afueras hasta los adentros. Sólo el ruido mundanal del centro te permite afirmar que está habitada. Las luces de las farolas tardan en encenderse para que se pueda disfrutar de este espectáculo único de colores que se apagan conforma se va muriendo el día. Úbeda siempre ha sido así, no importa que pasen más de cuatrocientos años y es así pese a lo que escondan sus paredes de piedra.Juan ascendió por el barrio de los gitanos que desemboca en los muros carmelitanos. El convento está situado en el extremo sudeste de la ciudad, sobre la muralla de la parte de levante. Desde él, y tras los cerros grisáceos de la piedra calcárea, se descubre majestuosa la sierra de Cazorla.
Había llegado justo a la hora de las vísperas, y el color de su piel, cansada del viaje, cansada como su cuerpo entero, no desentonaba con los tonos pardos de las fachadas de piedra. Llevaba entre sus manos el manuscrito de las canciones que inició cuando estuvo preso en la prisión carmelitana de Toledo. Próximo ya al convento carmelitano, se lo escondió bajo el escapulario y sujeto al cinto de esparto que rodeaba su cintura. Era el día 28 de septiembre de 1591 y aún se notaba el calor de los últimos días de verano.
Llamó con sus manos al portón y al cabo de tres o cuatro minutos apareció tras él fray Bartolomé de San Basilio quien, emocionado, se abrazó, tras largo tiempo sin haberlo visto, a su maestro.
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