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ANTONIO JOSÉ MIALDEA BAENA: PENSAMIENTOS AL MARGEN

Aquí encontraréis algunos pensamientos, en verso y en prosa, que he ido escribiendo con el paso del tiempo.

La metáfora del destino. La manipulación del texto literario como factor decisivo de su pervivencia en la historia: el caso de San Juan de la Cruz

Conferencia pronunciada en la XXVI Semana Sanjuanista de Úbeda.
Jueves 10 de noviembre de 2005

En primer lugar quiero agradecer a los carmelitas descalzos de Úbeda y en especial al P. Serafín Galindo esta nueva invitación a compartir con todos vosotros este encuentro sanjuanista y, dentro de él, compartir mis aportaciones que siguen en la misma línea de años anteriores, es decir, en el trazado interno de la obra literaria de San Juan de la Cruz a lo largo de la historia. Hace dos años, en este mismo estrado, os hablé del recorrido general de la obra literaria de Juan de la Cruz desde sus inicios hasta finales del siglo XIX en que se produce su irrupción fecunda y permanente en la literatura española. Hoy vamos a profundizar en un fragmento de todo este largo recorrido de más de cuatrocientos años. El fragmento inicial, que yo considero así, desde que Juan redacta los primeros versos del Cántico hasta que se publica su obra completa en Madrid, es decir desde 1578 hasta 1630. Estos cincuenta y dos años, de los que Juan de la Cruz vive trece, me parecen decisivos porque de ellos dependerá, en gran medida, el destino de los escritos sanjuanistas.

1. Introducción y justificación

La hipótesis de trabajo que defenderé en este diálogo con vosotros se refiere a los procesos de traducción y manipulación sufridos por la obra literaria de san Juan de la Cruz, especialmente me detendré en el Cántico Espiritual (la obra que abre y cierra su periplo literario). Desde esta hipótesis se pretende, de igual forma, ofrecer algunas pistas sobre la posibilidad de que esta traducción y manipulación hayan sido, precisamente, las que han hecho posible su posterior permanencia exitosa en la historia de la literatura española, aún a costa de una posible pérdida de sentido (más adelante explicaremos esta cuestión).

El marco temporal en que situaré esta ponencia comprende desde que Juan de la Cruz sale de la prisión carmelitana de Toledo en 1578 hasta que se publican sus obras completas en España, incluido el Cántico Espiritual, en 1630. El intervalo histórico es muy amplio, pero los límites lógicos de esta conferencia excusan o justifican que no me adentre en demasiados detalles, sino que explique los acontecimientos y sus consecuencias “a vista de pájaro”.

2. El marco temporal

El intervalo histórico que comprende este trabajo transcurre, como antes he mencionado, desde que el fraile carmelita se escapa de la prisión carmelitana de Toledo en agosto de 1578 hasta que se publica la edición madrileña de sus obras en 1630, edición en la que se incluye, por vez primera en España, el Cántico Espiritual. Para tener una visión sinóptica de este recorrido, antes de entrar en posteriores explicaciones, propongo el siguiente cuadro esquemático.

1578 Juan de la Cruz sale de la prisión de Toledo llevando consigo el manuscrito de las 31 primeras estrofas del Cántico

1578-1586 Concluye Cántico Espiritual y escribe “Noche oscura” y “Llama de amor viva”. Redacta los comentarios de estas tres obras. Mientras, las copias manuscritas de sus poemas, sobre todo de Cántico, crecen considerablemente

1591 Muere Juan de la Cruz en diciembre sin ver publicados sus escritos (asunto muy común en la época)

1592-1603 Después de muerto, los manuscritos apógrafos de sus obras siguen en aumento. En 1601 se encarga una primera edición completa de su obra a los carmelitas Tomás de Jesús y Juan de Jesús María. Este último es apartado pronto de esta tarea (en 1603, no sabemos si por mandato de la Orden o si por desavenencias con Tomás de Jesús sobre los mismos escritos sanjuanistas) y el primero también es relegado de esta función poco después. Parece que el General de la Orden, Alonso de Jesús María, no veía con buenos ojos la publicación de la obra sanjuanista

1618 El carmelita Diego de Jesús es el encargado de editar por primera vez las obras completas de Juan de la Cruz. Pero, por problemas inquisitoriales, no aparece el Cántico Espiritual. En 1619 aparece una edición similar en Barcelona

1622 Ana de Jesús se lleva consigo el Cántico, que Juan le había dedicado, al salir de España. Esto propicia su publicación en Paris en este año en lengua francesa

1627 El Cántico se publica, en lengua española y como obra independiente en Bruselas

1630 Aparece la edición madrileña preparada por Jerónimo de San José en la que ya se incluye el Cántico Espiritual, fundamentalmente por miedo al constante plagio



Durante el período en que Juan de la Cruz estuvo preso en la prisión carmelitana de Toledo comenzó a escribir el poema que, sin duda, le ha proporcionado, con el paso del tiempo, un éxito mundial indiscutible. Me refiero, naturalmente, al Cántico Espiritual, o, mejor dicho, a la Declaración de las canciones que tratan del ejercicio de amor entre el Alma y el Esposo Cristo, que así las llamó originariamente el místico carmelita (el título Cántico Espiritual se lo dio Jerónimo de San José en la edición de 1630: ejemplo de manipulación). Allí, en una habitación que más bien parecía un “zulo”, Juan escribió 31 de las 39 estrofas que contiene la versión más primitiva de este poema, que la crítica especializada denomina actualmente CA. Cuando logró escapar de la cárcel se dirigió al convento de las monjas carmelitas y allí parece que dictó a una de las hermanas estas 31 primeras canciones (no sabemos con precisión si las llevaba escrita en algún cuadernillo o si se las dictó de memoria. Parece que el último de sus carceleros le entregó papel y pluma para que pudiera escribir. En cualquier caso si hubo un cuaderno primitivo, éste no se conserva). Juan se marcha de Toledo, camino de Andalucía. Y en Beas de Segura (Jaén) le pide a la hermana carmelita Magdalena del Espíritu Santo que haga algunas copias del poema. Más tarde, Juan de la cruz completa este primer “Cántico” con ocho estrofas más que la crítica denomina CA’. Por tanto, tenemos un primer poema de 31 estrofas que ya está circulando a través de manuscritos (CA) y un segundo poema (re-escritura de CA) de 39 estrofas (CA’). A partir de este momento, se produce una bifurcación entre CA y CA´, en la que ambas versiones comienzan a copiarse abundantemente. Prueba de ellos es la cantidad importante de manuscritos que se conservan, unos que acaban con el último versos de la estrofa 31 y otros que concluyen con el último de la 39. Más adelante volveremos sobre este asunto.

Mientras tanto, San Juan de la Cruz sigue en Andalucía: Beas, Baeza, ambas en la provincia de Jaén, y, sobre todo, Granada, donde permanece hasta 1588 como prior del convento de los Mártires en el mismo entorno de la Alhambra y que, sin duda, puede ayudar a comprender mejor el estilo y el mensaje sanjuanista. Este largo período andaluz de casi diez años es decisivo para el Juan escritor. Escribe el poema “Noche Oscura” (aunque desconocemos la fecha es muy probable que se escriba durante su estancia en Andalucía), que dará lugar a dos glosas o comentarios explicativos: por una parte, los tres libros de la “Subida del Monte Carmelo”; y, por otro lado, los dos libros de la “Noche oscura del alma”. Redacta también el poema de la “Llama de amor viva”, que dará lugar a dos comentarios distintos denominados LA y LB, aunque entre ellos no hay diferencias sustanciales. Donde sí se va a producir una diferencia esencial, y volvemos ahora sobre CA y CA´, es que mientras estos dos poemas van corriendo independientes en multitud de copias y por muchísimas “manos”, Juan de la Cruz redacta el comentario o glosa a CA´ y vuelve a re-escribir el poema en el que introduce una nueva lira que ocupará el lugar 11 (Descubre tu presencia...Muchos autores dudan de su paternidad sanjuanista ya que se produce una ruptura de estilo muy profunda respecto del conjunto ) con lo que el poema resultante ya no tendrá 39 sino 40 liras. Es el conocido por la crítica especializada como CB. Para este nuevo poema, Juan de la Cruz también redactará un nuevo comentario estrofa por estrofa.

Así que, recapitulando y reordenando esta primera etapa de la historia textual sanjuanista, que se extiende hasta 1586 aproximadamente, nos encontramos, junto al resto de sus escritos, tres familias (hablo de familias…) de redacciones diferentes del Cántico Espiritual (CA, CA´y CB) y dos comentarios a cada una de las estrofas, uno para CA´y otro para CB. Sólo de la familia de CA se conserva un ejemplar en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Cádiz, que se conoce como manuscrito S y que está anotado en los márgenes por San Juan de la Cruz. Este ejemplar era el que él llevaba y en el que escribía anotaciones, correcciones, etc. Esto quiere decir que, ni de la familia de CA´ ni de CB (y ni de las glosas, naturalmente) tenemos constancia de la autoría sanjuanista, sino fuera porque el manuscrito S permite, como afirma Paola Elia, establecer relaciones directas con las otras dos familias.

(Me apoyo para realizar esta afirmación en palabras de la misma Paola Elia: “CA’ è una stesura del Cántico redatta forse su commissione di Juan de la Cruz. CB è composta (probabilmente subito dopo la morte di Juan de la Cruz) da un anónimo redattore, il quale, venuto in possesso di scritti (lettere, commenti, predicazioni) più o meno autografi, realizando forse un espresso desiderio dell`autore, inicia questa nuova stesura del Cántico seguendo come testo base un manoscritto perdutto de A’. Solo dopo aver transcritto il Prólogo, Canciones e ampliato le prime due declaraciones viene in possesso del ms. S, abandona quindi la copia di A’ per seguire fedelmente le note preparatorie e le correzioni dell’ autore” (“Le redazioni del Cántico Espiritual di Juan de la Cruz”, en Quaderni di Filología e Lingua romanze, 6 (1984), pág. 66).

Juan de la Cruz muere en la madrugada del 13 al 14 de diciembre de 1591. Muere sin ver cómo sus obras eran llevadas a la imprenta. Esto tendría su importancia si no fuera porque, comparando con otros autores de la época, el asunto era harto común en la época, sobre todo en lo que se refiere a la poesía. Ésta usaba fundamentalmente dos canales para su difusión: los pliegos sueltos que se copiaban y difundían manuscritos en abundancia y, por otra parte, la recepción auditiva. Por tanto, Juan de la Cruz no se convierte, en este sentido, en rara avis. (habrá que tener en cuenta también la situación de Juan de la Cruz dentro de la Orden justo antes de morir: o iba a México o probablemente hubiera sido expulsado). Lo que sí se puede afirmar es que sus poemas gozaban en esta primera época de su difusión de un notable éxito, a pesar de que eran tres las diferentes versiones del Cántico que circulaban y de las múltiples variantes que existían entre unas copias y otras, dentro incluso de la misma familia.

El tiempo transcurre, la obra literaria de Juan de Yepes, o de la Cruz como era conocido en el ámbito carmelitano, sigue siendo leída, pero hasta el año 1601, debido parece, por una parte, al deterioro de muchas de la copias manuscritas (tanto de las pocas autógrafas: algunas cartas, como de las apógrafas), como, por otra, al serio peligro de plagio a que se estaba viendo sometida, nadie se había preocupado de llevar su obra literaria a la estampa.

(Una aclaración necesaria: por “plagio” se debe entender, primero, el proceso común en la época de juntar los pliegos sueltos de muchos poetas y mandarlos a la imprenta y cuyo autor solía ser el primer poeta que apareciese en el conjunto de pliegos, de ahí que con el paso del tiempo, estos escritores hayan pasado a la historia literaria como autores de escritos que no les pertenecían; segundo, la apropiación consciente de los escritos de otro autor que si bien, propiamente, en esta época, ya lo hemos dicho, difícilmente se hubiera considerado delito tal y como hoy lo concebimos, de hecho se produce. El caso más sobresaliente que he estudiado (cfr. mi estudio antes citado, pág. 54) es el de Jorge Serrano de San José que “escribe” en el año 1616, dos antes de que salga la editio princeps de las obras de Juan de la Cruz, una obra titulada El solitario contemplativo...que posee numerosos textos copiados literalmente de san Juan. También, por otra parte, al mismo San Juan de la Cruz le fueron atribuidos escritos cuyo autoría se ha comprobado posteriormente que pertenecía a otros escritores.)

En 1601, los carmelitas Tomás de Jesús y Juan de Jesús María recibieron el encargo de editar las obras completas del fraile de Fontiveros pero el intento quedó frustrado. Hasta ahora no se ha podido averiguar fehacientemente por qué no se imprimieron. Yo, en la línea argumental que sigo en estas páginas, me atrevo a aventurar la hipótesis de que el problema esencial con el que se encontraron estos frailes (Juan de Jesús María fue apartado pronto de la labor) no fue el de la Inquisición sino el de la depuración textual (aún era una época muy temprana para una cuestión que “medio” ha resuelto el siglo XX). Este hombre tuvo que encontrarse ante un avalancha de información que no supo digerir. Me pregunto qué copia o copias habría manejado del Cántico Espiritual. El caso es que del intervalo que transcurre entre 1601 y 1617 queda aún mucho por decir. Es en 1617 cuando otro carmelita, Diego de Jesús, recibe de nuevo el encargo de editar por vez primera la obra completa de Juan de la Cruz y esta vez el empeño obtiene su merecido premio en 1618. Ahora bien, imagino que buena parte de este esfuerzo se debe al mismo Tomás de Jesús. Diego de Jesús edita las obras del místico carmelita, eso sí, con muchos retoques y sin el Cántico Espiritual. ¿Sólo fueron problemas inquisitoriales los que impidieron publicar esta obra maestra de nuestra historia literaria? En parte puede ser que sí, pero en buena medida creo que hay otro motivo más importante: el desconocimiento de cuál era el poema y la glosa que debían publicarse. Si Diego de Jesús, como los mismos Tomás de Jesús y Juan de Jesús María, hubiesen tenido claro qué Cántico era el más fiel al espíritu de Juan lo hubieran publicado. Si hubiera sido necesario, por los problemas inquisitoriales de la época, Diego de Jesús lo hubiese retocado como hizo de hecho con algunos de los otros escritos, o como hizo el mismo Jerónimo de San José en la edición de 1630, en que sí aparece por primera vez en España. Pero no me adelantaré demasiado.

¿Qué aconteció con el Cántico Espiritual hasta que sale por primera vez publicado en Madrid? Pues sencillamente que realiza un viaje por tierras europeas antes de volver a la suya propia. Ana de Jesús, a quien Juan dedica esta obra, sale de España con dirección a Centroeuropa y lleva consigo un ejemplar de CA. En su camino debió dejar una copia en Paris que M. René Gaultier, en 1622, tradujo al francés bajo el título: Cantique d’amour divin entre IesuChrist et l’Ame devote. Gaultier no sólo re-escribe el título sino que, además, “tiende a alejarse del texto transmitido por la tradición manuscrita con frecuentes síntesis y otras innovaciones, como la inversión del prólogo y del poema y la supresión de todos los textos latinos de la Biblia” (pero por el contrario se libra del farragoso problema de tener que cotejar las copias múltiples del poema al poseer sólo el manuscrito que le deja Ana de Jesús). Cinco años más tarde, el Cántico Espiritual se encuentra en Bruselas. Allí también lo ha llevado Ana de Jesús y allí mismo es publicado por primera vez en lengua española. Sin embargo, y con respecto a la publicación parisina, no se producen en esta ocasión modificaciones sustanciales y las que hay ya se ha averiguado que pertenecen más a errores tipográficos que a manipulación intencionada del texto.(la explicación es sencilla: Ana de Jesús está presente en la edición de este texto y además Gaultier, en el caso de la edición parisina, no sólo tiene que traducir interlingüísticamente el texto sino también adaptarlo a las necesidades de sus lectores)

Llegamos así a 1630, año en que aparece la edición madrileña de los textos de san Juan de la Cruz, la primera española en la que aparece el Cántico Espiritual. Jerónimo de San José, quien, además de ser el encargado de la edición, escribe un prefacio en el que advierte de la amenaza seria e inquietante del “plagio” que están sufriendo los escritos del místico carmelita y que por este motivo, entre otros, es necesario llevarlos a la imprenta y evitar así el riesgo de falsas autorías y de las graves manipulaciones a que están siendo sometidos, soluciona, desde mi punto de vista, el problema con el que se habían topado Tomás, Juan de Jesús María y Diego de Jesús, y así re-escribe (actúa de una manera bastante similar a Gaultier) por su cuenta un nuevo Cántico que ha sido denominado “texto híbrido” y que consiste en una mezcolanza entre la tradición manuscrita de CA y la lira 11 añadida en CB.

Hasta aquí el recorrido por la historia. Resumiendo todo el epígrafe se puede observar que el Cántico Espiritual sigue un proceso de creación bastante accidentado desde que Juan de la Cruz inicia su gestación en 1577 hasta que se publica por primera vez en España casi a mediados del XVII. De lo que Juan escribió hasta lo que propone el carmelita Jerónimo de San José en 1630 dista algo más que cincuenta y tres años: la mayor distancia no la produce el tiempo, sino que se encuentra dentro del propio texto; o, dicho de otro modo más complementario: la distancia en el tiempo junto a la triple redacción sanjuanista, cuyos originales no poseemos, han provocado traducciones y manipulaciones textuales de considerable importancia para su historia textual interna. A eso dedicaremos el último de nuestros epígrafes.

3. La obra literaria de Juan de la Cruz como obra manipulada

Partamos de una base esencial: si no se conservan los originales de la obra de cualquier escritor, cualquier texto de su autoría que nos encontremos posteriormente puede ser considerado como manipulado, bien por el mismo autor, si existen, como en el caso de este carmelita descalzo, diferentes redacciones de un mismo texto; bien por los diferentes copistas y editores que pueden cometer desde errores simplemente tipográficos hasta intencionadas modificaciones textuales por distintas y variadas circunstancias. Si se conservan, también se puede dar el caso, pero, al menos, siempre tendremos un texto origen, primigenio, fiable, al que poder acudir de inmediato para deshacer los posibles entuertos. El problema, por tanto, es no poder identificar este texto original.

¿Se puede hablar o escribir, entonces, sobre la obra literaria de san Juan de la Cruz como un caso de traducción y, más aún, de manipulación textual, sea o no intencionada? En vista de lo que he dicho anteriormente, creo razonablemente que sí. El proceso histórico de su obra literaria se puede considerar como traducción, por un lado, interlingüística, en el sentido de que poseemos una traducción francesa del Cántico, anterior a cualquier versión española, y en la que hemos visto claros síntomas de manipulación textual, a saber: cambio del título, inversión de los poemas, supresión de los textos latinos de la Biblia, etc; e intralingüística, tanto sincrónica como diacrónica, por dos razones fundamentales: la primera, que la apuntamos brevemente pero en la que no nos detendremos, porque un autor que glosa o explica sus propios versos a través de la prosa (como es el caso de este escritor) está traduciendo para la comprensión de los lectores, el lenguaje más oculto, digamos, de la poesía. La segunda, porque no existen originales de sus textos principales, sino que se conservan únicamente una serie de apógrafos, divididos como ya hemos mencionado en tres familias (CA, CA’ y CB) que del “correr de mano en mano” han modificado considerablemente los poemas y comentarios sanjuanistas tal y como se supone que salieron de sus manos. Esto es evidente por las diferencias existentes en las respectivas copias. Estos cambios textuales, incluso supresión de textos completos, fundamenta el hecho de que podamos denominar a este proceso textual como “historia de manipulación”.

Aclarada esta cuestión, queda por resolver otra no menos importante, la que se refiere a las “secuelas” que han quedado después de este proceso inabarcable e interminable. Como casi siempre suele pasar, todo tiene su aspecto positivo y su aspecto negativo. También en el proceso histórico que ha seguido una determinada obra literaria puede ocurrir que, si ha sido objeto de manipulación y dependiendo de la perspectiva que el lector competente adopte, se pueda concluir, bien que esta manipulación ha resultado positiva, o bien, negativa, o una mezcla de postividad y negatividad. Esta última postura es la que adoptaré respecto a la manipulación sufrida por los escritos sanjuanistas.

El hecho de que, sobre todo, en el Cántico Espiritual se hayan producido toda esta serie de vicisitudes (editoriales, textuales, etc.) han propiciado, con el paso de los siglos, que esta obra haya sido encumbrada a un status literario tan alto que quizás, quién sabe, no lo hubiera obtenido si Juan de la Cruz hubiera dejado concluso el poema con las 31 primeras liras que escribió en la prisión toledana. La no conservación de ese original, y las re-escrituras posteriores, suyas y de otros, han originado un debate que ha “quebrado” completamente los muros carmelitanos, donde celosamente se guardaba, a la vez que ha generado un interés extraordinario por su obra, sobre todo desde Menéndez Pelayo y que continúa en nuestros días. Es decir, la manipulación textual, desde esta perspectiva optimista, ha contribuido favorablemente al éxito y permanencia de los escritos del místico carmelita en la historia de la literatura universal. Los resultados bibliográficos hablan por sí solos.

Pero también se puede ver todo este proceso desde una perspectiva menos optimista. Carecer de textos autógrafos y, además, sufrir constantes manipulaciones entre los que se conservan como apógrafos, puede haber provocado que los poemas de san Juan de la Cruz hayan “pagado un precio” demasiado alto. Me refiero al elevado riesgo de haberse quedado sin sentido, en términos de desconstrucción derrideana, de dos formas: la primera, en cuanto textos logofágicos, es decir, en cuanto textos que desde su propio origen tenían que habernos conducido hasta el silencio y que, a la postre, se han llenado de demasiado “ruído” (dicho de otro modo: textos que nos tenían que haber guiado hasta el silencio de la contemplación, corren el peligro de llevarnos hasta el silencio de la incomprensión); la segunda, en cuanto textos manipulados cuya transmisión sincrónica y diacrónica los ha hecho, es verdad y así lo he advertido, sobrevivir al espacio y al tiempo pero les ha restado su sentido primigenio, su significado primero, aquella diferencia que une directamente la escritura con la experiencia que funda el propio texto. Aunque parezca que las dos formas expuestas dicen lo mismo, hay ligeros matices que diferencian a la una de la otra: un asunto es la escritura-silencio y otra la experiencia-escritura. El trinomio experiencia-escritura-silencio se produce a menudo en los textos místicos y mucho me temo que en el caso de San Juan de la Cruz, el demasiado “ruído” de la escritura, por todas las re-escrituras y manipulaciones, han bloqueado el paso hacia lo anterior, que es la experiencia; y hacia lo posterior, que es el silencio. Si algo sabemos de su experiencia y de su silencio se lo debemos a que otros textos suyos no tuvieron tanto “ruído” alrededor de sí.

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