SERGIO PITOL: LA LITERATURA COMO UNA ENFERMEDAD GOZOSA
Antonio José Mialdea Baena - 03-01-2006 16:23:17 | Categoria: artículos divulgativos
Un novelista es alguien que oye voces a través de las vocesAcaban de concederle el Premio Cervantes, el premio por excelencia de las letras hispanas. Él estaba obsesionado por conseguirlo, era como si le faltara algo. Incluso ha llegado a afirmar, después de que le hubieran notificado la buena nueva, que sólo ahora sus escritos cobran el sentido. La literatura, según sus propias palabras, le ha salvado la vida. Para nosotros, sus lectores, sus textos ya habían cobrado sentido mucho antes que para él mismo, sin la necesidad imperiosa del Premio Cervantes. Y es que los premios son, sin duda, un reconocimiento a la trayectoria personal y profesional, pero los lectores te otorgan, sin duda, mayor reconocimiento. Si no que se lo digan a escritores como Jorge Luis Borges, Bertold Brecht, Virginia Wolf o Juan Rulfo quienes, incomprensiblemente, y como recientemente ha recordado Miguel Bayón, no obtuvieron el Nobel de literatura y, sin embargo, no cesan de tener cómplices de sus palabras a través de los años.
Entre los textos milagrosos de Sergio Pitol, que son afortunadamente muchos, Care Santos me recordó hace un par de días uno que constituye un paradigma de lo que significa ser escritor. Se trata de un texto que, cuando se lee, automáticamente produce un proceso de autoeliminación personal de esta que denominamos profesión de escritor, precisamente porque se cae en la cuenta de que no es profesión sino vocación. Lean conmigo:
Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Se mete en la cama y de pronto esas voces le obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tal sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características, y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las Musas, el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva sino la muerte en vida, el silencio, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor.( El arte de la fuga, Barcelona, Anagrama, 1997)
Creo que es una buena respuesta a la pregunta que no hace mucho formuló el, este sí, Premio Nobel de Literatura Elías Canetti, cuando dijo: ¿quién tiene derecho a ser escritor hoy?, pregunta que hizo y se hizo al comprobar que en nuestro panorama literario actual un gran porcentaje de esos que se llaman a sí mismos “escritores” no hace otra cosa que reescribir siempre el mismo libro. Y, de verdad, quien sea honesto y crea que tiene algo que decir al mundo por escrito, primero que eche un vistazo a nuestro mundo y si después tiene algo que escribir, que lo escriba; y si no, mejor para él y para todos que se calle.
El escritor es como el niño o la niña cuya imaginación también fabrica voces, en cuya mente también aparecen y desaparecen personajes fantásticos, extraordinarios, monstruosos, voces y visiones que los adultos corregimos trasladando enseguida al pequeño o a la pequeña al mundo que llamamos real. El escritor, sin embargo, quizá por un descuido de los padres –quién sabe–, sigue escuchando esas mismas voces, sigue poseído por las mismas extrañas visiones, sólo que ahora puede, además, trasladarlas él mismo al mundo de lo real a través de la página en blanco. El escritor, en definitiva, es siempre otro, absolutamente otro y otros. Esas son la voces de las que habla el escritor mexicano. William Faulkner ya lo expresó de otra manera diciendo que una novela era como la vida secreta de su autor, su hermano gemelo.
La mejor manera, como he dicho, de rendirle homenaje a un escritor no es premiarle sino leerle. La bibliografía de Sergio Pitol es extensa y variada, preparada para satisfacer paladares diversos. Aquí van, pues, algunas recomendaciones: No hay tal lugar (1967); Infierno de todos (1971), llevada al cine en 1989 como El acoso por Miguel Barbachano y con guión de Gabriel García Márquez; Los climas (1972); El tañido de una flauta (1973); Asimetría (1980); Nocturno de Bujara (1981); Cementerio de tordos (1982); Juegos florales (1985); El desfile del amor (1985); Domar a la divina garza (1988); Vals de Mefisto (1989); y La casa de la tribu (1989). En la década de los 90 publicó La vida conyugal (1991); Todos los cuentos más uno (1998); Soñar con la realidad (1998); y su trilogía Tríptico de Carnaval (1999), que componen las novelas (reeditadas) El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal. De sus últimos libros cabe citar El viaje (2000); Todo está en todas las cosas (2000); De la realidad a la literatura (2002); el libro de memorias El mago de Viena (2005); y la selección de cuentos Los mejores cuentos (2005).
Asimismo, los siete volúmenes de sus Obras reunidas (hasta ahora sólo tres editados): Obras reunidas I (2003), formado por El tañido de una flauta y Juegos florales; Obras reunidas II (2003), con las novelas El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal; y Obras reunidas III. Cuentos y relatos (2004). El Mago de Viena (2005) y Cuentos completos (2005), recopilados por Enrique Vila-Matas.
Biografía
Sergio Pitol nació en 1933 en la ciudad mexicana de Puebla, de ascendencia italiana. El escritor, diplomático y traductor tuvo una infancia complicada porque su madre murió ahogada en un río, apenas cumplidos sus primeros cuatro años. Algún tiempo más tarde, su padre murió de meningitis y su hermana de "desesperación". Superadas estas circunstancias, Pitol enfermó de malaria y estuvo en cama desde los seis años hasta los doce, al cuidado de su abuela y sus tías. Un tiempo que dedicó, de forma voraz, a la lectura y al conocimiento de los grandes autores: Dostoievski, Tolstoi, Gogol o Faulkner, entre otros muchos. Posteriormente se licenció en Derecho y Filosofía e inició en 1960 una carrera diplomática que le llevó como embajador a Praga (1983-1988) y, como agregado y consejero cultural, a Belgrado, Varsovia, Roma, Pekín, París, Budapest, Moscú y Barcelona (1969-1972). Esta actividad le hizo potenciar aún más su amor por los viajes. En Barcelona trabajó para las editoriales Seix Barral, Tusquets y Anagrama.
Más de un centenar de obras traducidas al español
Su trayectoria abarca la docencia, la traducción, con más de un centenar de obras traducidas de autores como Henry James o Chejov, y la investigación lingüística y literaria, así como los ámbitos editorial y diplomático. Goza de gran prestigio intelectual, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la difusión cultural, especialmente por su dedicación a preservar y promocionar el patrimonio artístico e histórico de su país en el exterior. Es autor de dos libros sobre la cultura mexicana de final de siglo, considerados fundamentales, El arte de la fuga (1996) y Pasión por la trama (1998). También fue profesor en Bristol (Reino Unido) y Xalapa (México) donde, desde 1993, tiene su residencia habitual.
Entre sus galardones más importantes, además del recién obtenido Cervantes, ha recibido los siguientes: Premio Nacional de Novela de México (1973), Premio Xavier Villaurrutia (1981) por Nocturno de Bujara, Premio Nacional de Literatura de México (1983), Premio Herralde de Novela (1985) por El desfile del amor, Premio Nacional de las Artes y Letras de México (1994), Premio Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1999) y Premio Nacional Francisco Javier Clavijero de México (2002).
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