LA VIDA NO ES ORIGEN Y META SINO PAISAJE
Antonio José Mialdea Baena - 07-06-2005 21:56:03 | Categoria: reseñas críticas
Corazón Rojo. La vida después de un infartoAutor: Julio Anguita
Edición de Rafael Martínez Simancas
Madrid, La esfera de los libros, 2005, 251 págs.
Julio Anguita ha saltado al escenario del relato con su corazón rojo, un libro que, en líneas generales, cumple las expectativas estrictamente literarias que se pueden exigir a cualquier escrito de estas características: verosimilitud y coherencia; dos condiciones que, por otra parte, sólo han cambiado, en su persona, de estrado. En su época de más actividad política también Anguita se caracterizó sin duda por dotar a su discurso político de estas dos condiciones retóricas necesarias, no sólo para acercarse al receptor y convencerlo, sino por propia dignidad personal.
En cualquier caso, y a pesar de esto, escribir lo que se podría considerar a medio camino entre un diario y un libro de autoayuda, requiere algo más que buenas intenciones y que las dos cualidades anteriormente repetidas. Es curioso que, como también ya he dicho, Julio Anguita sólo ha cambiado de estrado, pero no de condición personal e íntima. Y precisamente esto se nota con clarividencia cuando en la página 56 el ex – dirigente comunista afirma no haber tenido nunca un asesor de imagen. Desde luego lo creo, porque asesor literario o un simple corrector avezado parece no haber tenido tampoco, lo que me hace suponer con mucha probabilidad que este libro se ha escrito como se suele decir en la jerga literaria “a vuela pluma” y que se ha publicado con demasiada prisa, quizás, como sucede desgraciadamente, en muchas ocasiones, por intereses estrictamente comerciales. Pero autor y editores, tanto el literario como el comercial, deben saber que los lectores somos cada vez menos pero también cada vez más competentes.
No sólo me refiero a una errata tan evidente como la fecha del segundo infarto en la página 77, o la ausencia de un “que” en la parte superior de la página 98 que completaría el sentido de lo expresado, éstas incluso pueden pasar por errores tipográficos; sino al uso reiterativo, el abuso diría yo, de alguna expresiones que se convierten casi en estereotipo dentro del texto, como, por ejemplo, el “ha quedado muy bien…” (pág. 40) o el “ha salido muy bien…” (pág. 82) después de cada intervención, o las sensaciones de cada período anestésico. Como éstas, tantas otras que van desde su pasión por los “huevos fritos”, hasta su preferencia por los viajes en tren antes que a los que ha tenido que realizar en avión, los horarios estrictos que ahora sigue o su elección por coches que tengan aire acondicionado.
Precisamente de su preferencia por los viajes en tren, Anguita extrae lo que me parece podría sintetizar su actual pensamiento: que la vida no es origen y meta sino paisaje. No obstante, en el fondo de este bello pensamiento, y aunque no lo recuerde, seguro que Julio Anguita, en su abundante poso de lector, tenía presente el episodio del volatinero nietzscheano del Así habló Zaratustra donde el filósofo alemán explicaba que la esencia del hombre (al que compara con una especie de equilibrista) no era ni el origen de la cuerda ni su final sino el caminar absolutamente arriesgado por la cuerda floja. O los más cercanos en el tiempo versos de Machado: “caminante no hay camino…se hace camino al andar”, con los que el poeta quiso expresar, precisamente, que la esencia de la vida es su camino.
Por otra parte, Anguita escribe afirmaciones (pág. 126) un tanto arriesgadas como, por ejemplo, decir que la Izquierda y la Derecha políticas se reducen o tienen su origen en el pensamiento de Heráclito, para quien todo está en constante movimiento (la Izquierda), y de Parménides, para quien todo, el ser, permanece inmóvil (la Derecha). Una afirmación de estas características, o bien uno la desarrolla el tiempo y con más dedicación en su libro, o mejor guarda uno un prudente silencio. Pero ya que está escrita invito al lector a que la tome como un simple ejercicio de mera ironía que no debe pasar de ahí. Como también es mejor contrastar algunas afirmaciones, como la de la página 143, en la que Julio Anguita escribe que Rosana Rossanda (en el libro se escribe, de nuevo, erróneamente Rossandra) es especialista en San Juan de la Cruz. Quisiera saber, de verdad, desde cuándo esta líder de la Izquierda es especialista en el místico carmelita. Parece mentira que, habiendo leído como lo ha hecho a los místicos españoles, escriba semejantes dislates. Cierto es, como se afirma en el texto que existen grandes especialistas marxista en la obra de nuestros místicos pero no son los únicos.
En fin, repito lo que dije al principio: en líneas generales, Julio Anguita ha escrito un relato cuyo contenido se mantiene dentro de la verosimilitud y la coherencia; sin embargo, es necesario que cuide algo más los aspectos externos, tan importantes como los internos, y, sobre todo, debe contrastar algunas de las afirmaciones que profiere y profundizar un ápice más en otras.
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