Antonio J. Mialdea: desde la periferia

Sábado, 12 de mayo de 2012

CARMEN

 

Independientemente de la acepción etimológica de la que hagamos uso, el término Carmen puede significar casa, si nos acercamos a la lingüística árabe; jardín, si nos aproximamos a la lengua hebrea; y poema, si nos decantamos por la raíz más latina. Poema, jardín y casa, tres términos que apuntan hacia lo interior, que nos invitan a traspasar una puerta. Por eso, hoy, 12 de mayo de 2012, me voy a atrever a proponerles un nuevo significado que en absoluto conlleva un detrimento de los históricamente anteriores; antes al contrario, viene sin duda a completarlos y a complementarlos en ese afán de diálogo permanente con las tres culturas que conforman lo que hoy somos y que ha caracterizado y debería seguir caracterizando, a pesar de las decepciones, a nuestra ciudad. A partir de esta tarde Carmen significará también corazón porque Carmen y Córdoba se unen definitivamente culminando una historia emocional que comenzó hace ya muchos años.

Córdoba, que mira tú por dónde, significa igualmente casa rica y preciosa y lo que mejor puede dar cuenta de esto es precisamente el corazón, ya ha encontrado uno y se llama Carmen, el mismo corazón que, como replicó cierto día en clase el joven por entonces Blaise Pascal, el alumno rebelde del filósofo Descartes, tiene explicación para algunos acontecimientos del ámbito humano que posiblemente desde el punto de vista de la más estricta racionalidad no logremos nunca llegar a comprender. Hoy celebramos un acontecimiento histórico en nuestra ciudad. La Virgen del Carmen de san Cayetano será coronada en nuestra Iglesia Catedral. Si usted intenta comprender esto desde un sistema puramente racional y con la que nos está cayendo, el camino, muy probablemente, no tenga salida. Incluso para quien les escribe, y quien me conoce bien sabe que no miento, toda esta suerte de celebraciones y parafernalias se encuentran algo alejadas de mi actual horizonte de pensamiento; pero si hay que llegar al corazón soy el primero que agarra "pico y pala" para no perderme un ápice del tesoro que se pueda encontrarse escondido bajo otras apariencias.

Carmen significa corazón porque de vez en cuando se convierte en un asunto necesario mirar un poco más allá de la superficie epidérmica de objetos inertes que, como una especie de milagro, cobran vida gracias al esfuerzo y al corazón de cientos de personas cuya generosidad hace posible que acontecimientos de esta índole puedan ocurrir en nuestros tiempos. Especialmente quiero referirme hoy a las alumnas y alumnos del Colegio Virgen del Carmen, porque son los que a diario me abren el camino para que me suponga un menor esfuerzo el acceso a un misterio que se encarna en ellos mismos y que tan difícil de ver resulta en muchas ocasiones. Son jóvenes que con mucha ilusión, mucha dedicación de su tiempo y de su espacio, me enseñan cada día y hoy mucho más que existe una puerta todavía a la esperanza.

Ellos son a partir de hoy mismo aquel discípulo amado de Jesús de Nazaret, Juan, el más joven de entre los que se denominaban sus amigos, quien por encargo directo de aquél, según se nos narra en los relatos evangélicos, fue el encargado de aliviar, de aligerar el peso del sufrimiento y de la soledad de una madre que estaba a punto de perder lo que más se ama en este mundo, su propio hijo. Los alumnos del Carmen son desde hoy la casa, el jardín, los versos y el corazón de la madre de Jesús.

 

 

Por: Antonio José Mialdea Baena | General | Comentarios (0) | Referencias (0)